"Se chove, que chova"
Anxo Lobeiras, trabajador de topografía en Fene, A Coruña.
En los montes de Fene, el agua se filtra una vez más por la ropa de Anxo Lobeiras. Pese al chubasquero y las botas, este ayudante de topografía sabe que no existe armadura infalible contra una jornada entera de lluvia.
El frío, constante y gélido, viene siendo la norma por varias semanas seguidas. Anxo, motor anímico de su cuadrilla y fiel al estoicismo gallego, seguía diciendo: “Se chove, que chova”, pero en el fondo, su motivación menguaba. Lo que para él era una rutina húmeda, se transformó en un asedio meteorológico sin precedentes.
Esto no se trataba de una percepción personal. Según los datos MeteoGalicia, durante 5 meses ha llovido más del 71 % de los días, y algunas estaciones han recogido más de 1.800 litros por metro cuadrado (tanta agua como en todo un año). Ya en febrero, el territorio registró la anomalía húmeda más intensa y persistente del planeta.
Lo que ocurría bajo las botas de Anxo no era solo mal tiempo: era un récord climático global que estaba poniendo a prueba de una manera extraordinaria, la salud mental de él y toda una comunidad.